¿Estamos a las puertas de una era de internet discriminatorio?

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 Francisco Machalskys- Cuando en 1996 el mundo al fin conoció el viejo experimento de la red interconectada de ARPANET  —o la “comunicación” entre computadores de universidades y centros de tecnología, que se desarrolló en 1969— jamás imaginó el alcance de esta herramienta que hoy forma parte de cualquier proceso de la vida moderna: desde acercarnos a seres afectos en puntos remotos, hasta movilizar los fondos de nuestras cuentas bancarias, por mencionar apenas dos.

Así, internet, o Interconnected Networks, por su acrónimo en inglés, pasó de ser una curiosa extravagancia teleinformática a convertirse en “el invento del siglo”, invento que, entre sus varios atributos, como la inmediatez o la ubicuidad, por mencionar algunos, se reconoce y exalta la democratización del acceso al flujo comunicacional libre de barreras y restricciones, con todas las ventajas y perjuicios que ello representa.

Sin embargo, ese último atributo —el más celebrado, por cierto— parece haber llegado a su fin, toda vez que la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) anunciara en fecha reciente la revocación de la llamada “neutralidad de la red”, protegida desde 2015 por una ley sancionada a finales de la era Obama. El mantenimiento de esta neutralidad pretendía garantizar una red libre y abierta, ajena a todo tipo de influjo que pudieran ejercer factores externos, como los poderosos consorcios informáticos, por ejemplo, dirigidos a bloquear o a privilegiar contenidos, incluso manipular la velocidad de navegación.

Pero ya no más. La medida, que se suma a otras de las ya aprobadas por la administración Trump en desmedro de los beneficios sociales mayoritarios, como la eliminación del ObamaCare y el programa migratorio DACA, permitiría a las grandes empresas informáticas y de comunicación masiva establecer abusivos cánones de navegación preferenciales, o decidir arbitrariamente qué contenidos se publicarían en la World Wide Web y cuáles no, entre otras restricciones marcadas por el factor lucrativo sin cortapisas.

Sorprendentemente, faraónicos consorcios mediáticos como Facebook y Alphabet, esta última, empresa matriz de Google, se pronunciaron en contra de esta medida por considerarla violatoria de la libertad de expresión, considerada como un derecho humano. Con tal opinión coincide el Partido Demócrata, como se desprende de las declaraciones hechas por Jessica Rosenworcel, que ve en esta revocatoria “una excesiva entrega de poder a los proveedores de internet”. Rosenworcel es una de las comisionadas —disidente, cabe decir— de la FCC, organismo que decidió esta sentencia en una votación cerrada de tres contra dos.

Y no solo las poderosas firmas influyentes en el tránsito de la llamada “superautopista de la información”, como AT&T, Comcast o Verizon, ven con beneplácito tal decisión, sino el propio Partido Republicano también, en lo que se vislumbra como un ejercicio de conquistada supremacía. No en balde la derogación de esta ley suscrita en la era Obama corrió por cuenta de Ajit Pai, nuevo director de la FCC y connotado republicano impuesto personalmente por el presidente Trump, quien declaró: “La neutralidad de la red ha sido un error que ha deprimido la expansión de las redes de banda ancha”.

En contra de esta medida se han alzado las voces de dos argumentativos personeros de la política estadounidense, como son Eric Schneiderman, fiscal general por el estado de Nueva York, y Bob Ferguson, del estado de Washington. Schneiderman, que se opone a las políticas abiertamente neoliberales de Trump desde sus coqueteos electorales, hizo lobby entre sus afines políticos para exigir que se revoque esta decisión que “vislumbra una guerra de puntos de vista entre los grandes consorcios informáticos”, mientras Ferguson, más directo en su posición, reconoció que con su demanda intenta “frustrar los pasos de la administración Trump para hacer retroceder las regulaciones en todo el Gobierno”.

La observación de Ferguson despunta como un llamado de atención a toda la ciudadanía que hace vida en la nación libre del mundo por antonomasia, a las puertas de una espiral de pérdidas reivindicativas en materia de disfrute social mayoritario. Los hechos hablan por sí mismos: luchan por eliminar el Obamacare, adiós DACA, no más internet igualitario… ¿Qué vendrá después?