La inseguridad y la corrupción abren el camino a López Obrador a la presidencia de México

 Foto: Israel Rosas por Creative Commons (CC BY-SA 4.0)

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David Guzmán Fonseca- México celebrará el próximo 1º de julio elecciones presidenciales de suma importancia. Ese día, además de escoger al nuevo presidente de la república, que servirá por un término de seis años, serán elegidos 500 miembros de la Cámara diputados y 128 miembros del Senado, y se llevarán a cabo elecciones locales en 30 de los 32 estados de la república.

La última encuesta, revelada a principios de abril del 2018, pone al candidato Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como el preferido, con el 42% de intención del voto, seguido de Ricardo Anaya, con el 31%, en tercer lugar, a José Antonio Meade, con el 21.9%, y en último lugar, a Margarita Zavala, con el 5%.

López Obrador es el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, compuesta por los partidos Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Partido del Trabajo y Encuentro Social. AMLO se caracteriza por un discurso en contra del sistema, en muchos, casos populista y nacionalista. Recientemente aseguró que, de ganar, vendería el avión presidencial y viajaría en vuelos comerciales, puesto que su Gobierno será de austeridad y lucha contra la corrupción, en alusión a las acusaciones en contra del actual presidente, Enrique Peña Nieto, y a los miembros de su partido, el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Anaya aspira a la presidencia en representación de la inusitada coalición México al Frente, en la cual convergen el conservador PAN y los progresistas Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano. El candidato ha ido creciendo considerablemente en los sondeos, pero en un ambiente en el que la corrupción se ha convertido en el talón de Aquiles de muchos, ha sufrido al verse involucrado en el supuesto caso de lavado dinero en la venta de una nave industrial de su propiedad. 

Meade, quien formó parte del Gobierno de Peña Nieto, representa a la coalición Todos por México, formada por el gobernante PRI, junto con los partidos Nueva Alianza y Verde Ecologista de México. Pero ser parte del PRI se ha convertido en un peso para su campaña, ya que actualmente a este partido y al Gobierno se los relaciona con los aumentos en los niveles de inseguridad y escándalos de corrupción. Igualmente, los altos niveles de inflación y la incertidumbre frente al Tratado de Libre Comercio con EE. UU. se han convertido en una piedra en el zapato para que el candidato oficialista pueda mostrar logros en materia de economía del PRI. 

Margarita Zavala, exmiembro del PAN, quien se lanzó a la candidatura mediante la recolección de firmas, también aspira al cargo. La ex primera dama y esposa del expresidente Felipe Calderón es la sexta mujer en la historia del país que se presenta como aspirante a la presidencia. Sin embargo, se le critica la cercanía e influencia de su esposo en la campaña. 

Un quinto candidato entró a la contienda el 10 de abril, casi dos semanas después del inicio oficial de la campaña presidencial. Al exgobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, conocido como El Bronco, se le aceptó su candidatura después de que interpusiera una demanda frente al Tribunal Electoral del Poder Judicial, a pesar de que el Instituto Nacional Electoral encontró múltiples anomalías en el 58% de más de dos millones de firmas que lo apoyaban.

A pesar de la cantidad de candidatos, un modelo electoral del periódico El País otorga el 79% de probabilidad a que AMLO gane la presidencia; Anaya tiene el 16% y Meade el 5%. En términos prácticos, que AMLO no gane sería tan probable como fallar un penal. Es decir, hay mucha probabilidad de que sea elegido, pero no hay completa certeza.

No es la primera vez que López Obrador es el favorito en las encuestas y, aun así, se trata de su tercer intento por llegar a la presidencia. No obstante, la inseguridad, la corrupción e incluso el presidente Donald Trump parecen acercarlo cada vez más a la presidencia.

Igualmente, sus contrincantes están divididos y se atacan constantemente por subir en las encuestas. Así, la ventaja de López Obrador se debe no solo a su discurso sino también a los errores cometidos por sus opositores. Mientras AMLO ha puesto sobre la mesa el tema de la inseguridad y la corrupción, el candidato del PRI tiene dificultad para acatar las actuaciones de su partido, y Anaya, por su lado, aún enfrenta la investigación por presunto lavado de dinero.

A todo lo anterior debe sumarse que se espera que a las urnas se acerquen cerca de 12 millones de nuevos votantes, los famosos millenials, que buscan un cambio y que han vivido en carne propia los estragos del narcotráfico, la violencia y la corrupción. Jóvenes que ven en el statu quo la razón de los problemas por los que atraviesa el país y que no temen elegir a un candidato de la izquierda después del control casi ininterrumpido del poder por parte del PRI desde 1929.